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BOGA MAR
ADENTRO Y TENDRAS UNA PESCA MILAGROSA
Las
riveras y las playas solo sirven para partir, para llegar o para
encallar. En la dinámica de nuestra vida, partimos de cosas
pequeñas hacia cosas grandes, pero los grandes logros no se
pueden realizar en una playa donde la profundidad no es
suficiente…hay que avanzar mar adentro para lograr las grandes
conquistas que Dios previamente ideó para sus hijos y así llegar
donde nadie ha llegado en tu generación.
En
cuanto al afecto hay que ir mas allá de lo establecido por la
sociedad: entregarlo todo sin importar lo que se va a recibir;
la expectativa debe estar puesta en el mar y no en el individuo,
en la pesca que recibirás en tu relación de pareja y no en la
frustración de hoy. En este mismo orden de ideas, a los hijos
hay que dedicarles tiempo de calidad si queremos levantar hijos
de gloria e ir mas allá de lo que la sociedad establece; hay que
amar como la Palabra de Dios lo establece, sabiendo que el amor
es una benevolencia inagotable.
Finalmente, necesitamos bogar mar adentro en las aguas de Dios.
En la visión de Ezequiel de Las Aguas Salutíferas, aprendemos
que siendo que del altar salían las aguas, el nivel de comunión
que tengamos con Dios, determinará los alcances de los
propósitos de Dios en su pueblo.
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Entra hasta los tobillos
–Es aquel que entra al río afectado en su calcañar (pecado)
y alcanza el perdón pero no tiene un compromiso con la
visión de Dios, es decir, continua viviendo para si mismo.
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Entra hasta las rodillas
–Este tipo de cristiano es aquel que logra doblar sus
rodillas ante Dios pero nunca ha doblegado su corazón. Estos
se apegan al rito de la iglesia pero sus vidas no sufren
ningún tipo de transformación; solo son apariencia de
piedad.
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Entra hasta el cuello
–Este cristiano busca a Dios con amor, se entrega a El, deja
que Dios le cubra y lo dirija, sin embargo deja un cierto
porcentaje de si mismo fuera del alcance de su Dios, no
permiten que Dios saque de su vida las zorras pequeñas que a
la postre dañaran la cosecha.
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Nada –En este nivel de
entrega, las aguas de Dios nos cubren y podemos decir como
Pablo “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi”.
Es llegar a la obediencia extrema.
Si queremos una
pesca milagrosa, necesitamos bogar mar adentro porque esas aguas
aseguran sanidad.
Raquel Naranjo
Mayo 6/2008 |



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