Era un vuelo nocturno, en un once de enero, en la república de
Colombia. El vuelo era en un avión DC9, que llevaba cincuenta y tres
personas a bordo. Por una de esas fallas mecánicas imprevisibles, el
avión se estrelló a cuatro kilómetros de la ciudad de Cartagena.
El aparato cayó en el pantano de Flamenco, y de inmediato se
incendió. Todas las personas a bordo, menos una, murieron en el
accidente. Sólo se salvó Érika Delgado Gómez, una niñita de nueve años
de edad, que perdió en el accidente a su padre y a su hermanito.
Es algo terrible cuando un avión se estrella. Es pavoroso cuando
centenares de personas quedan atrapadas dentro de un aparato volador que
corre a una destrucción segura. Y es tan fuerte el impacto que pocas
veces hay sobrevivientes. Pero esta vez sí se salvó alguien.
A Érika, de sólo nueve años, hija de Carlos Delgado Gómez, la
encontraron viva. Estuvo algún tiempo medio hundida en las aguas
cenagosas del pantano, pero al fin la rescató un modesto pescador, Éver
Bello Díaz. Fue un hecho milagroso, y ese milagro hizo que toda Colombia
la rebautizara con el nuevo nombre de «Érika-de-Dios».
Cuando uno escapa de un peligro mortal se puede decir que uno «ha
nacido de nuevo». Tiene, por lo tanto, el derecho, si así lo desea, de
adoptar un nuevo nombre que describa el milagro y le señale una vida
nueva. La pequeña Érika, habiendo sobrevivido al choque físico y
emocional del accidente, y al dolor de la muerte de su padre y su
hermanito, de veras nació de nuevo.
Es de notar que la Biblia dice que todos los que se salven de la
cósmica catástrofe que es el pecado humano tendrán también un nuevo
nombre. Un nombre que les hará olvidar todo el pasado tenebroso a fin de
que puedan mirar hacia un futuro majestuoso. Un nombre que simbolice la
vida nueva, recta, limpia, honorable y digna. Vida nueva que Jesucristo
da a todo el que cree en Él y le sirve como Señor y Dios.
El haber sido rescatada de una muerte segura le dio a Érika el nombre
de Érika-de-Dios. Dios quiere darnos también a nosotros un nuevo nombre:
Enrique-de-Dios, Miguel-de-Dios, Elena-de-Dios, Alicia-de-Dios. Pongamos
nuestro nombre y a continuación escribamos «de Dios». Sólo tenemos que
rendirle nuestra vida al divino Salvador. |