MATERIAL
DISCIPULAR
Rubén Darío Quijano

Doctrina Básica del Espíritu Santo
RUBÉN DARÍO QUIJANO
Escuela
Ministerial RDQ
Toronto, Ontario, Canadá
M6M 2W1
416-242-4327
2002


Es para mí de gran gozo llevar a cabo esta enseñanza sobre la doctrina del
ESPÍRITU SANTO, me llena de alegría y profundo temor, escribir sobre Aquel que me conoció desde siempre y llegado el cumplimiento del tiempo, me convenció de pecado de justicia y de juicio, permitiéndome conocer a Cristo y en quien así mismo fui sellado, permaneciendo en mi como las arras de mi herencia hasta la redención de la promesa adquirida para alabanza de su Gloria.
Hablar del Espíritu Santo, es hablar de Dios mismo Él es quien comienza la obra en el hombre y la perfecciona hasta el día de JESUCRISTO.
La doctrina del
ESPÍRITU SANTO la abordaremos analizando desde su “PERSONALIDAD”, su “DEIDAD”, hasta la obra que él ejerció en el Antiguo Testamento, en la vida de Cristo, en el Nuevo Testamento y las especificaciones Bíblicas de su obra en el ser humano.
Es el Espíritu Santo quien convirtió a los seguidores de Jesús, llegado el día de Pentecostés, en un cuerpo concertado, trasformó a Pedro de un cobarde que negó a su Señor, en un valiente que usando “las llaves del reino”, abrió la puerta para que entrase los primeros salvos; de ahí en adelante podemos ver al Espíritu Santo dirigiendo y uniendo a todos los creyentes como un solo cuerpo. Si es bien cierto que el hombre es salvo por el sacrificio de Cristo es El Espíritu Santo quien da formación a la Iglesia.
Dentro de la Trinidad sería imposible tratar de dividir entre las personas o personalidades que la conforman; cada uno desempeña para con el hombre papeles y funciones diferentes; pero recibe él
Espíritu Santo una distinción especial al considerarse la blasfemia contra Él, el pecado imperdonable; pretendo mas allá de informar sobre la doctrina del Espíritu Santo, conducir a los lectores hacia una comunión estrecha con la Santa persona del Espíritu de Dios.
A través de la historia el papel del Espíritu Santo en la iglesia a pasado por diferentes facetas: es innegable el crecimiento que produjo El Espíritu Santo en la iglesia de los primeros siglos, como también es innegable la forma como fue contristado en los siglos de la Cristianización imperial, para luego inspirar a los reformistas, rescatando la palabra; luego la inyección de amor producida en la época misionera y la renovación bautismal del pentecostalismo, hasta nuestras épocas donde la revelación de la comunión con El Espíritu Santo a oxigenado la iglesia para estos últimos tiempos; pero así mismo se convierte en fiscal de los excesos doctrinales que para este tiempo abundan.